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El mango nace de un árbol corpulento
que alcanza a medir de 10 a 30 metros, cuya corteza es arrugada y llena de fisuras, como la de un roble. 

Durante los 3 años que se demoró su finca en dar la primera cosecha de mangos, Rafael Robles se encargó de podarlos y darle forma a las ramas, para que cuando los frutos llegaran, estuvieran en condiciones de recibir buena luz y aire, y no se estrangularan unos con otros como pasa comúnmente con los racimos de fruto silvestre que crecen en el Cesar, un territorio mediterráneo, cuyo clima y suelos son los apropiados para cultivos de árboles de gran tamaño. 

 


Gracias a Rafael y su cuidadoso trabajo al cultivar mangos en condiciones óptimas y sin usar plaguicidas ni fumigantes, le asegura a Base Cook el contar con mangos de calidad durante los próximos 20 años.
   

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